Santos Laguna se une a la ‘guerra’ rosa

Pink Project es el nombre de la línea de ropa femenina que impulsará el equipo Santos Laguna, de la primera división del futbol mexicano, para recaudar fondos para la asociación Mujeres Salvando Mujeres, que preside Yolanda Jaramillo, dedicada a combatir el cáncer de mama en la región,

En la línea de ropa, en la que predomina el color rosa con el que se identifica a la lucha contra la enfermedad, está integrada por una playera réplica de la oficial que los guerreros usan para jugar, un uniforme completo de futbol femenil y camisetas de algodón con y sin mangas.

Durante todo el mes de octubre, se comercializarán las prendas en diferentes tiendas de autoservicio así como en la Santos Shop. Sus precios oscilan entre 349 y 899 pesos. En noviembre, el equipo Santos Lagunas dará a conocer la cantidad recaudada.

Esta iniciativa se suma a la emprendida a mediados de septiembre por la Federación Mexicana de Futbol, que impulsa la campaña Balón Rosa en la prevención del cáncer de mama: Siéntete y autoexplórate.

¿Puedes imaginar lo que es sentirte incompleto?

Enfrentarte al espejo tras una mastectomía radical es, sin duda, una de las experiencias más dolorosas e impactantes que puede vivir una mujer. Al dolor físico se une el emocional: el generado por el duelo ante una pérdida, por  creencias erróneas que asocian la feminidad a los senos o que obligan a la paciente a emprender una cruzada para convencer a quienes la rodean que aún es suficiente mujer.

En mi caso, ese momento llegó menos de 24 horas después de la cirugía. El impacto es tan fuerte que desgarra el alma. A un año de distancia, puedo compartirte que no estaba preparada para ello… como tampoco lo estaba mi mamá, quien en esa única ocasión se permitió llorar conmigo.

Sí, sé que muchas personas han perdido sus extremidades, inferiores y superiores, en distintas condiciones, y que muchos de ellos nos ponen el ejemplo por su entereza para levantarse y enfrentar la vida. Pero desde mi experiencia, el “choque” que se recibe al ver la cicatriz que deja la ausencia de un seno es doblemente doloroso, no sólo por la pérdida física sino, como dije antes, por todo lo que representa.

Por cultura se asocia a los senos con la feminidad y existe la creencia de que son parte fundamental del saberse y sentirse mujer. Por eso, la pérdida de uno de ellos, o de los dos, es tan fuerte. Sí, estás viva y de pie, haciendo frente a la enfermedad, pero por unos segundos de irreflexión, en los que no piensas y sólo sientes, ni eso te parece suficiente para superar la pérdida. Nada te prepara para la transformación del paisaje que representa tu cuerpo y que estás acostumbrada a ver. De pronto, de golpe, de manera quizá inesperada -como en mi caso-, debes empezar a entender que donde antes había colinas o montañas, ahora sólo habrá planicies, valles y quizá hasta hondonadas, porque la cirugía es tan severa que los médicos se ven obligados a “raspar” la mayor cantidad de tejido y células en un afán de erradicar todo signo de malignidad.

Y aun cuando fijé en mi mente y en mi corazón que como mujer soy mucho más que un seno, en los primeros días tras la cirugía me propuse que nadie, salvo mi mamá y, por supuesto, los médicos y enfermeras que me atendían, vería la cicatriz física que me causó el cáncer de mama. Entiendo que uno no va por la vida mostrando esas cicatrices, pero de pronto puedes estar en medio de situaciones en las que brota la proverbial “curiosidad femenina” y hay alguien que te pide que le muestres cómo se ve, cómo quedaste. Entonces, para no vivir una experiencia similar y evitar un mal momento que, generalmente, termina con el impacto dibujado en el rostro, incluí en mi -inicial- negativa a mis hermanas, amigas, tías, sobrinas y, sobre todo, a mi hija adolescente.

Así, pese a la inutilidad física en la que estaba y por si mi mamá no podía apoyarme, aprendí a hacerme las curaciones yo misma. Realmente me agobiaba pensar que alguien viera la cicatriz y se impactara. La preocupación era tal que cuando acudí a comprar mi primera prótesis, a la que llaman de descanso, me quedé petrificada cuando Yoli, la dueña de la boutique especializada a la que acudí, me pidió que me retirara los vendajes. Mis emociones fueron más que evidentes, así que Yoli me invitó a pasar al vestidor y yo, cual niña pequeña, entré pero en compañía de mi mamá. Una vez ahí, Yoli me dijo: “yo soy sobreviviente de cáncer de mama, y también me hicieron una mastectomía. Nunca me reconstruí. Mira mi cicatriz”. Y sí, su imagen me devolvía la mía como si fuese un espejo. La empatía fue, a partir de ese momento, inmediata.

Por unas semanas usé esa prótesis de descanso y después, cuando los tejidos se desinflamaron y esa resultaba inadecuada, pude adquirir una prótesis externa, tan natural que resulta imperceptible cuando se lleva. A la par, aprendí a aceptar y a amar la cicatriz que tengo, a comprender que también soy yo… y ya no me agobia pensar en que alguien pueda verla. Cuando me sometía a las sesiones de radioterapia, por ejemplo, otra hermana de vida -y de circunstancias- me pidió que se la mostrara porque ella tenía problemas con su cicatriz. Y sí, pude hacerlo en tranquilidad y respeto hacia mi nueva amiga y, sobre todo, hacia mí misma.

En todo este proceso aprendí también a agradecer por lo afortunada que soy. Yo tuve los medios para adquirir las dos prótesis (y la ropa interior especial para usarlas) casi a la par de ocurrida la mastectomía. Y sí, es una enorme ventaja que te permite verte “normal” a los ojos propios y de los demás. Recuerdo la gracia que me causó ver cómo algun@s que sabían de mi cirugía hacían diversos esfuerzos para “adivinar” qué lado era el operado, porque aparentemente no había cambios.

Sin embargo, muchas mujeres no son tan afortunadas y si no cuentan con recursos económicos, para disimular su lado incompleto se “fabrican” una especie de prótesis con bolsitas de plástico rellenas de alpiste u otro material.

La verdad, no quiero ni pensar en lo que sienten al usarlas. Me gustaría creer que hacerlo es mejor que nada, pero no estoy tan segura de que así ocurra.

Por ello, el lunes me llamó la atención una noticia publicada en Reynosa, Tamaulipas, en la que hablan de que un grupo de voluntarias del IMSS tomó un taller para fabricar prótesis que regalan a mujeres mastectomizadas. En un año, han entregado seis de ellas y planean seguir produciéndolas.

Esas prótesis son elaboradas con hule espuma, al que se le añaden 350 gramos de balines para darle la forma y el tamaño requerido. Por último, la recubren con seda. La información no habla de la inversión que se requiere para cada una, pero calculo que es mucho menor a los 3,000 pesos que invertí en la mía, sin contar la adquisición de la ropa interior especial.

La verdad sea dicha, ese precio es relativo. Quizá resulte poco a los ojos de algun@s y mucho para otr@s. Lo cierto es que para mí es una cantidad muy bien empleada. En verdad, creo que el usar prótesis adecuadas, modernas, de calidad, y el tener acceso a la reconstrucción, cuando médicamente hay oportunidad de ello, no es una cuestión de estética. Se trata de recuperarte como mujer; de recobrar la autoestima, de sanar emocionalmente… y sí que vale la pena hacerlo.

‘Por un México sin cáncer de mama’

Ese es el lema de la campaña que impulsan tres empresas: Grupo Expansión, Estée Lauder y Aeroméxico. La revista Quién la reflejó en su más reciente edición, como puede apreciarse en la foto que acompaña este comentario.

La imagen de portada fue realizada por el productor Pedro Torres y en ella aparecen Viviana Corcuera, Patricia Reyes Spíndola, Daniela Romo y Eréndira Ibarra, quienes recuerdan a las mujeres la importancia de autoexplorarse, de tocarse.

El portal Quién.com informa que Torres convocó a 28 mujeres de diversos ámbitos y les propuso posar semidesnudas y con una actitud de lucha y coraje. La idea es difundir el mensaje de que el cáncer de mama es curable si se detecta en etapas tempranas.

Adela Micha, Ana Paula Ordoríca, Angelique Boyer, Claudia Álvarez, Cecilia Suárez, Denise Dresser, Gabriela Cuevas, Lorena Ochoa, Luz María Zetina y Martha Debayle son algunas de las participantes en la campaña, que es parte de la iniciativa Octubre Rosa.

¿Quieres saber quiénes son las demás? Visita el sitio Quién.com

El mapa genético del cáncer de mama. ¿Por qué nos importa?

Desde los primeros minutos de este lunes la noticia fue reproducida por decenas de medios de todo el mundo: un equipo de científicos del programa Atlas del Genoma del Cáncer en la Universidad de Carolina del Norte ‘mapearon’ de manera genética 800 tumores de mama y los clasificaron en cuatro subtipos.
Pero, ¿eso qué significa para nosotr@s? ¿Por qué es tan importante el hallazgo?
Porque los resultados del trabajo de investigación son fundamentales para que los científicos entiendan el cáncer de mama y sus causas, pero también porque allanarán el camino para lograr un tratamiento personalizado de la enfermedad.
Las conclusiones de la investigación fueron publicados en la revista Nature e indican que pese a la diversidad genética del cáncer de mama, los investigadores del Centro Lineberger encontraron cuatro subtipos principales:

  • Her-2 enriquecido
  • Luminal A
  • Luminal B
  • Basal, que también es conocido como triple negativo

Además, integraron seis tecnologías analíticas que les permitieron llegar a nuevos conocimientos sobre esos subtipos.
En la investigación se encontraron las posibles causas genéticas de la forma más común de cáncer de mama, el receptor de estrógeno positivo Luminal A, que causa alrededor del 40% de las muertes por esa enfermedad en Estados Unidos.
“A través del uso de varias tecnologías diferentes, hemos sido capaces de obtener la imagen más completa hasta el momento de la diversidad del cáncer de mama. Ahora tenemos una idea mucho mejor de las causas genéticas de la forma más común de cáncer de mama, es decir, el receptor de estrógeno positivo Luminal A. Asimismo, se encontró una similitud sorprendente entre el subtipo Basal de los cánceres de mama y el cáncer de ovario”, dijo Charles Perou, autor principal del artículo publicado en Nature.
“Este estudio proporciona un marco casi completo de las causas genéticas del cáncer de mama, lo que tendrá un impacto significativo en la medicina clínica en los próximos años, ya que estos marcadores genéticos son evaluados como posibles marcadores de la respuesta terapéutica”.

Cáncer de mama y cáncer de ovario

Los científicos a cargo del estudio consideran que uno de los descubrimientos más significativos es el relacionado con el tipo de cáncer Basal o Triple negativo. ¿Por qué razón?
Este subtipo de cáncer, que equivale a cerca del 10 % del cáncer de mama, es uno de los más agresivos, porque crece más rápido y es de difícil detección. Además, es una variedad que afecta a las más jóvenes y, genéticamente, resultó similar al cáncer de ovario.
El descubrimiento es importante porque hasta ahora el cáncer de mama Triple Negativo no siempre tenía un tratamiento específico para curarlo. Pero ahora, los científicos consideran que la similitud molecular entre los cánceres de mama y ovario permitirá comparar sus tratamientos. Este estudio es el primer paso para utilizarlo clínicamente.

Importante: Mi sugerencia es que platiques con tu especialista sobre este tema.

‘Maullan’ contra el cáncer de mama

En Venezuela, por segundo año consecutivo, la empresa Purina y su marca Cat Chow  firmaron una alianza estratégica con Fundaseno para apoyar a ese organismo en sus actividades para detectar el cáncer de mama en etapas tempranas.
Bajo el lema Todos maullamos contra el cáncer, del pasado 17 de septiembre y hasta el 30 de noviembre se invita a los ciudadanos a dar clic en la página de Facebook (CatChowLa).
La empresa Purina dijo que cada maullido equivale a 10 bolívares, que serán donados por la empresa a Fundaseno.

Usa tu voz para salvar vidas

Emma Stone, protagonista de El Sorprendente Hombre Arañase unió a la campaña de Revlon Cares contra el cáncer de mama. La actriz posa junto a su madre, Krista, quien es sobreviviente de la enfermedad.

‘Your lips can save lives. (Tus labios pueden salvar vidas)’, es el slogan de la campaña.

Krista venció al cáncer de mama y, junto a Emma, se hizo un tatuaje: “Tenemos los pies de un mirlo. Es por esa canción de los Beatles, Blackbird: ‘Toma las alas rotas y aprende a volar’. Parece adecuado para la ocasión”, dijo la actriz de 23 años.

Para más detalles de la campaña visita www.RevlonCares.com

Hacia biopsias menos invasivas

Ganar tiempo para obtener diagnósticos tempranos que ayuden a preservar la vida es una premisa primordial para los oncólogos especializados en cáncer de mama, como la radióloga Cristina Cerda, quien ejerce en Guadalajara, Jalisco, tras haber concluido estudios en el Hospital Val D’Hebron, en Barcelona.

La especialista, que ejerce en el Hospital Civil de Guadalajara, es líder de un modelo en el que la paciente es sometida a un doble estudio: ultrasonido y mamografía van juntos.

“Eso agiliza mucho; antes se hacía nada más la pura mamografía: la paciente    venía, iba con el oncólogo y volvía a sacar la cita para el ultrasonido, y el diagnóstico duraba hasta un mes”.

Si aparece una lesión sospechosa de cáncer, la paciente es mantenida en el hospital y la derivan a la Clínica de Mama o a Oncología, donde la preparan para una biopsia. Los radiólogos son quienes localizan las lesiones, y el cirujano quita la lesión con incisiones pequeñas, en procedimientos ambulatorios.
Anteriormente, las pacientes debían entrar a un quirófano para este procedimiento, en el que para el diagnóstico se cortaba un cuadrante de la mama, muchas veces sin necesidad, pues el tumor resultaba benigno.

Que ‘ruede’ la información

El Pyro, en versión rosa, será el balón con el que la Liga MX del futbol mexicano se sume desde este sábado a las campañas de información sobre el cáncer de mama.
La intención de la campaña, vigente las próximas cinco jornadas, es que el mensaje de la autoexploración como una herramienta de detección temprana de la enfermedad llegue a 24 millones de televidentes cada jornada y a 200,000 aficionados en cada uno de los estadios.

“Si multiplicamos por cinco lo que hoy nos convoca, quiere decir que más de un millón de mexicanos habrán visto el balón rosa y habrán entendido el mensaje de la sociedad, equipos y gobiernos estatales; nos habrán visto 123 millones de personas en la televisión”, aseguró Decio de Maria, presidente de la Liga durante la presentación de la campaña Balón Rosa en la prevención del cáncer de mama: Siéntete y autoexplórate.
Al acto, efectuado el viernes en el estadio La Corregidora de Querétaro, acudió el secretario federal de Salud, Salomón Chertorivski, quien dijo que cada año en el mundo mueren 600,000 pacientes de cáncer de mama.

“Cada dos horas, aproximadamente, fallece una mexicana a causa de cáncer de mama. Hoy el tumor de mama es el que más mujeres se lleva en nuestro país y lo tenemos que detectar a tiempo. Más de 5,000 mujeres cada año padecen un cáncer de mama en nuestro país”.

El funcionario insistió en la necesidad de tener diagnósticos tempranos. Siete de cada 10 mujeres, de las más de 40,000 que ha cubierto el Seguro Popular, “han llegado en etapas tardías, lo que hace más difícil de lograr la sobrevida”.

¿Quién puede padecer cáncer de mama?

Cualquier ser humano puede desarrollarlo. Aunque se ha considerado una enfermedad de mujeres, también los hombres pueden padecerla. Según las estadísticas, en México, por cada 999 mujeres, un hombre es diagnosticado de cáncer de mama.

La enfermedad tampoco se limita a grupos de edad o estrato social, aunque ciertamente los casos de personalidades reciben difusión:

A. El diagnóstico que ‘vuela’ por Twitter

Kathy Bates, ganadora del Oscar en 1991 a mejor actriz por su rol protagónico en Misery, contó el viernes que padece cáncer de mama. La estrella, de 64 años, dijo que se recupera una doble mastectomía a la que fue sometida.

“Hola a todos, lamento este largo silencio. Me diagnosticaron cáncer de mamas hace dos meses y me estoy recuperando de una mastectomía doble”, anunció. “No extraño mis senos tanto como a ‘Harry’s Law’”, dijo en un mensaje posterior.

B. Mujer, dirigente política y paciente de cáncer

A sus 53 años, Pilar Fernández Pardo, parece tenerlo todo. Casada y madre de dos hijos, la licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca, es también líder del Partido Popular en Gijón, España. Recientemente, le fue detectado un tumor cancerígeno.
“Quiero compartir con todos que este verano, en una revisión periódica, se me ha detectado un cáncer de mama del que he sido recientemente operada y que me obligará a recibir un tratamiento complementario curativo. Me encuentro bien y con fuerzas. Seré una más de tantas y tantas mujeres que superan esta enfermedad”, anunció el jueves al regresar a su actividad pública.

 C. Cuando el tratamiento regresa

Los primeros días de septiembre, diversos medios de comunicación dieron a conocer que la actriz mexicana Lorena Rojas, de 39 años, nuevamente enfrentaba al cáncer.
En 2008, la actriz que radica en Miami fue intervenida y sometida a tratamiento por cáncer de mama. Su recuperación fue satisfactoria. En esta ocasión la enfermedad se le manifestó en el pulmón.
Rojas dijo que si bien era una noticia que “asusta”, está dispuesta a vencerla una vez más sin dejar su actividad laboral. Actualmente, graba Rosario, telenovela de Univisión.

Mi segundo “cumpleaños”… Una experiencia para compartir

Hay fechas que te marcan, no por el día en sí sino por los acontecimientos que sucedieron en ese momento. En mi caso, una de esas fechas especiales es el 15 de septiembre de 2011. Justo hace un año me sometí a una cirugía aparentemente sencilla que derivó en una mastectomía radical del seno izquierdo por un adenocarcinoma. Sí, yo tenía cáncer de mama… y lo ignoraba.

A mis 50 años y, como periodista habituada a leer, investigar y obtener información de primera mano, consideraba que estaba enterada del cáncer de mama y de todo aquello que debíamos hacer para “prevenirlo”. Así, periódicamente acudía a mis citas médicas y me sometía a estudios de imagenología: ultrasonidos mamarios y mastografías, que decían que yo estaba bien, sin problemas.

De hecho, un día antes de la cirugía me entregaron los resultados de los últimos estudios, a los que me sometí debido a que tenía una “bolita” en el seno izquierdo. Según los médicos que los interpretaron, esa “bolita” era un “granuloma posiblemente generado por un cuerpo extraño y era benigna”. Sin embargo, como me lo recomendaron, acepté someterme a la cirugía para evitar inconvenientes futuros.

Con la seguridad de que todo estaba bien, entré al quirófano y, horas después –cuando desperté en la habitación del hospital que me fue asignada–, me enteré de mi “nueva” realidad: “Te quitaron el seno izquierdo porque… era cáncer”, recuerdo que me dijo mi cuñado. “Pero tú eres valiente y vas a salir de esto”.
Las palabras me impactaron, por supuesto. Lloré mientras mis pensamientos volaban hacia mi marido y mis dos hij@s adolescentes, que me esperaban en nuestro hogar en la Ciudad de México. Yo había elegido operarme en Guadalajara, porque ahí están mis papás y hermanos, y pensé que era una buena ocasión para reunirnos y convivir. Nada, nadie, me había preparado para el desenlace de la cirugía… pero yo sí me había preparado para dar la batalla que venía.

Aun en medio del dolor y el impacto de la noticia, recordé que los últimos seis años de mi vida los había pasado en múltiples cursos, aprendiendo, adquiriendo herramientas, ampliando mi conciencia, y entendí que Dios, el Universo, la Fuente de la cual provengo, me había guiado y preparado para ese momento. Supe que lo primero que debía hacer era transformar el miedo y los pensamientos negativos en paz interior, en armonía, en confianza, porque solo así tendría la fortaleza para salir adelante, para no preocupar de más a mi familia y a los que me aman; porque solo así podría alejarme del ¿por qué a mí? y trascender al ¿para qué vivo esta experiencia?
Esa fuerza interior pude conservarla la mayor parte del tiempo frente a mis papás, hermanos y sobrinos, que me acompañaban en todo momento, y solo flaqueé al escuchar por teléfono a mis hijos y a mi marido. Por más esfuerzos que hice, no pude evitar las lágrimas. ¡Había tanto que vivir juntos! ¡Tanto por qué hacer y compartir! También debía evitar que mis hijos se enteraran del diagnóstico por una llamada telefónica o por internet. Como sociedad hemos desarrollado la creencia de que el cáncer es una sentencia de muerte, pero esa tarde de jueves yo sabía, porque así lo sentía en mi corazón, que en mi caso el cáncer sería una experiencia de vida; una experiencia para aprender; y así quería trasmitírselo a mis hijos, pero de frente, cuando ellos pudieran verme y creer que su mamá sí estaba bien y viva.

Entonces, mientras mi familia en Guadalajara salía del shock y se ocupaba de mí y, mi marido, al igual que ellos, asimilaba el diagnóstico, mi pensamiento estaba en evitar que esa realidad llegara a mis hijos; en pedirles a todos los amigos que me llamaron que evitaran comentar mi situación en las redes sociales y que fueran discretos si hablaban con mis hijos. En ese momento, no imaginé la gran tarea que llevaríamos a cabo en conjunto. Mis planes al viajar a Guadalajara eran permanecer ahí solo cuatro días. Mi estancia se prolongó cuatro semanas; tiempo en el que mis hijos hablaban conmigo, pero sin saber todo lo que ocurría.

Ese tiempo, también me dio oportunidad de agradecer por lo afortunada que era y soy. Esas semanas me dieron el regalo del reencuentro con mis amigas de secundaria, de preparatoria; con los amigos de la universidad, de los distintos empleos y actividades que desempeñé en Guadalajara, y todas ellas y ellos me arroparon con su cariño y buena energía.

Además, convencida de que no hay mejor terapia que el ser productiva y estar ocupada, tres días después de la cirugía retomé desde Guadalajara mi actividad laboral, gracias a la comprensión de mi editor en jefe y a las bondades de la tecnología. Días más tarde, los directivos de la empresa y mi jefe, me permitieron seguir trabajando, a distancia, mientras me sometía al tratamiento médico que me prescribieron los médicos oncólogos: ocho ciclos de quimioterapia y 30 sesiones deradioterapia; ambos, tratamientos fuertes de los que “salí” hace apenas unas semanas con un excelente pronóstico.
El proceso ha sido largo, en términos del esfuerzo –físico y emocional– que implica. Por unos meses, por ejemplo, la cabellera desapareció junto con las pestañas y las cejas, pero la naturaleza es generosa y, al retirarle al organismo la quimioterapia, han empezado su renovación.
Y sí, me hace feliz saber que terminó la etapa fuerte, aunque me quedan cinco años de tomar un medicamento diario y mantener un control constante. También, tengo por delante el reto de la reconstrucción, pero este es un capítulo aparte.

Lo que aprendí en este año me llevó a pensar en lo desinformadas que, en el mejor de los casos, estamos las mujeres frente a una enfermedad como el cáncer de mama. Hoy sé que en el 2011 yo era ingenua… o ignorante. Antes de la cirugía, creía que el cáncer de mama era “prevenible”. Ahora sé que hasta este momento no hay prevención alguna; pero, si hacemos de la autoexploración un hábito para aprender a conocer cada milímetro de nuestros senos, desterramos el miedo y nos habituamos a visitar al oncólogo al menos una vez cada año desde que somos adolescentes, las mexicanas estaremos dando pasos importantes para controlar la enfermedad, por la sencilla razón de que su diagnóstico será temprano y, siendo así, existen todas las posibilidades para superarla y sobrevivir.

Esta nueva conciencia en mi vida, en la que es fundamental el amor, propio y hacia los demás, el buen ánimo, los pensamientos positivos y la confianza en los profesionales médicos que me atienden, me animaron a compartir mi experiencia. Sé que hay mucho qué decir y hacer; muchas mujeres, compañeras de vida, a quienes apoyar, para hacerles ver que vamos de la mano en este proceso.
El primer paso en ese camino es este espacio, en el que compartiremos experiencias e información útil, pero sé que vienen muchos más porque estoy decidida a aprovechar esta segunda oportunidad. Así, este 15 de septiembre, cuando mi país festeja las más importantes festividades patrias, yo estaré –como dice mi hija de 14 años–, celebrando mi segundo nacimiento; una nueva posibilidad para agradecer y honrar mi vida.