En otro Octubre Rosa, ¿soy más consciente?

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¡Hola de nuevo!
1-octDespués de muchos meses de silencio, causado por diversas razones -por fortuna ninguna relacionada con la salud-, aquí voy de nuevo compartiendo contigo que hace menos de un mes ¡celebré cinco años de que me practicaron una mastectomía radical por cáncer… y cuatro de que concluí mis tratamientos (los más pesados)! Por fortuna, han sido cinco años de salud, en los que no hay día en los que no agradezca el enorme regalo que es mi vida.
Cierto es que en estos años he tenido baches -nada relacionados con la salud-, pero aun así me siento una mujer muy afortunada, que ama la vida, amo a mis hijos, amo a mis papás, amo a mi familia, amo a mis amigos y, sobre todo, me amo. Así que he aprendido a vivir en armonía y con agradecimiento por todas las bendiciones o regalos (como prefieras llamarles) que recibo.
Hoy más que nunca puedo decirte que he elegido cómo quiero vivir mi vida, y mi decisión ha sido VIVIRLA EN SALUD, así que he estado saludable. Sigo en mis chequeos, cada seis meses, y continuo platicando con mis células, recordándoles que son sanas, que somos una unidad sana, y que estamos rodeadas de amor. Entiendo que ver la vida así, sobre todo cuando el mundo parece inhóspito y agresivo, puede parecerte una evasión; sin embargo, cree cuando te digo que he aprendido que todo eso está en el exterior y que yo elijo cuánto me afecta: mucho, poco, nada… y por cuánto tiempo. Porque el exterior yo no puedo controlarlo, pero mí interior sí. Y es ahí dónde me enfoco.
Sé, por ejemplo, que las emociones negativas pueden causar un impacto igual de negativo en la salud, en la mía y en la de todos. Lo mejor es que cada vez más científicos han encontrado cierta esa relación. Así que hoy por hoy pongo todo mi empeño, mi voluntad y mi decisión en vivir en armonía, conmigo y con los demás. Hacerlo me implica trabajar en mí, de manera interna, para soltar rápido todo lo que me afecta negativamente.
Eso no significa que todas las cosas dejaron de dolerme o que no me afecten; sin embargo, procuro colocarlas en su justa dimensión y verlas en perspectiva. Dejé de aferrarme a todo, estoy aprendiendo a soltar el control de todo, y eso de verdad me ha quitado un enorme peso de encima.
Así que cuando veo a distancia lo que he vivido, estoy segura de que pesa más todo lo positivo y que, de lo que puede parecer negativo, he aprendido mucho. Sé que hoy soy una mejor persona de lo que fui antes, y eso me parece bien para mí.
Y es a partir de ese resultado que sí puedo afirmar que en este nuevo Octubre Rosa, en el que en el mundo se aplican en todos sentidos para “sensibilizarnos” sobre el cáncer de mama, creo que puedo decir que soy una mujer con mayor conciencia hacia mi experiencia y hacia lo que representa vivir una situación así.
Ojalá que tú, que me lees, también puedas sentirte plena y armonía con la vida. De verdad, es el mejor regalo que pueden darnos, y yo lo agradezco desde mi corazón.

¡Bendiciones infinitas para ti!

Nuevo momento para reiniciar el camino que te comparto

¡Hola de nuevo!
Han transcurrido más de seis meses desde la última vez que te compartí un mensaje. La ausencia fue necesaria para ordenar sentimientos y emociones, principalmente, ya que por fortuna sigo el camino de la salud. Sin embargo, como bien sabemos -porque no es algo que sea exclusivo para mí-, hay épocas en las que te generas experiencias fuertes y si bien aprendes con ellas, también te exigen energía y un esfuerzo adicional que puede, como en mi caso, alejarte de actividades que te apasionan y con las que tienes un compromiso, como lo es el cáncer de mama y yo.

En mi caso, se acumuló la falta de empleo con una serie de malas decisiones que me desestabilizaron en muchos sentidos. Por fortuna, ese ciclo ya quedó atrás y hoy puedo compartir contigo desde un ánimo adecuado, sabiendo que lo que te comparta va a ser benéfico. Mejor que muchos, digo yo, entiendo el poder de la palabra. Sé que a través de ella puedo construir, pero también sé que también podría destruir, y eso dista mucho de mis planes de vida y, sobre todo, del compromiso que asumí hace un par de años cuando decidí iniciar esta página.

Mi deseo es compartirte novedades médicas, noticias de interés, experiencias propias y ajenas, pero sobre todo plasmar palabras positivas, que te apoyen en el camino que recorres, no sólo si vives una experiencia de cáncer de mama, sino también si conoces a alguien que la está viviendo y deseas apoyarlo.

Así pues, hoy reinició las publicaciones con la certeza de que hay mucho por compartirte. Por favor, sigue enviando tus comentarios y peticiones. De esa manera podremos crear una página que nos resulte de interés cada vez más a un mayor número de personas.

Gracias por la espera y bendiciones infinitas para ti.

Más allá de la fecha: hoy es momento de vivir en amor

El 19 de octubre es la fecha que el mundo dedicó para hacer conciencia del cáncer de mama. Desde días previos somos bombardeados con información sobre el tema, aunque -y lamento reconocerlo- la mayoría de los textos contiene imprecisiones o salidas fáciles con las que se busca generar optimismo, o al menos una visión positiva, entre la población femenina que es la más afectada.
La mayoría de los textos hablan de prevención, y quienes utilizan esa palabra ignoran que en materia de cáncer de mama no es posible hablar de prevención, porque hasta ahora no hay una guía confiable, certera al 100 por ciento, que evite que las mujeres, y los hombres, generen ese padecimiento. Ciertamente cada persona tiene la posibilidad de reducir los factores de riesgo que pueden desencadenar una alteración celular, pero habrá quienes aun haciéndolo así generen cáncer de mama. Si lo sabré yo, que este día con una felicidad enorme puedo decir que llevo dos años disfrutando y honrando mi segunda oportunidad de vida.
En septiembre de 2011 una revisión médica que anticipaba un diagnóstico benigno terminó en una mastectomía radical y la vida cambió para mí.
Por fortuna, tuve a mi alcance herramientas que me permitieron salir adelante, pasar con éxito los tratamientos de quimioterapia y radioterapia, y ahora seguir con otro tratamiento por tiempo indefinido.
Sin duda, en todo este camino he aprendido mucho. Sé el valor de las revisiones constantes; de la autoexploración mensual como una manera de tener una detección oportuna de cualquier cosa; del diagnóstico oportuno y eficaz (al menos tras la cirugía); y de contar con médicos calificados a mi alrededor. Pero más allá de estos factores, aprendí el valor de la actitud y la responsabilidad, de saber que si yo había generado esa enfermedad en mi vida, también podía sanarme y ¡vaya que le dediqué energía e intención a hacerlo! De la mano de mis hijos adolescentes, de mis papás y mi familia, de amig@s entrañables que me han acompañado día con día, puse en práctica todo cuanto he aprendido de técnicas alternativas: gracias al diagnóstico metafísico de salud entendí qué había originado el cáncer de mama; gracias al Ho’Oponopono me reconcilié con el pasado, en amor, en gratitud, en la certeza de que todo está bien y es una experiencia de aprendizaje; gracias a las técnicas de liberación emocional sané heridas pasadas; el reiki me dio luz, energía, seguridad en que soy parte de la energía universal; y apoyada en ángeles y arcángeles aprendí a cerrar ciclos, a perdonar en amor y, sobre todo, a perdonarme, porque si alguien ha sido un implacable juez de sí misma, esa he sido yo. Hoy, gracias a todas estas técnicas que enlisto (y a otras muchas que no), sé que el camino a la sanación pasa por el perdón y el amor a mí misma; por entender que soy un espíritu viviendo una experiencia material de aprendizaje y que todo lo que he creado, generado, vivido tiene el propósito de que yo sea cada vez una mejor versión de mí misma.
Por eso hoy, en esta fecha tan significativa, sólo puedo elevar una plegaria de gratitud infinita, de amor incondicional hacia todos y cada uno de los seres que me comparten su luz; hacia todas mis experiencias porque han me han creado y recreado, y hacia todas las mujeres -y hombres- que comparten conmigo el haber atravesado un diagnóstico de cáncer de mama. ¡Gracias, bendiciones infinitas para ti!

A un año de la primera quimioterapia: ¡gracias ‘roja’!

Hace un año empecé la primera de las sesiones que quimioterapia que me prescribieron los oncólogos médicos. Serían seis, según me dijeron entonces, y a mí me parecían ‘muchísimas’; finalmente fueron ocho ciclos, fuertes, muy fuertes, gracias a la resistencia de mi organismo que permitió salir rápido de ellos. Meses después me enteraría de que hay pacientes que tienen otra respuesta, entonces les “fraccionan” el ciclo para que puedan soportarlo, y llegan a tener 16 sesiones o más.
La quimioterapia impacta, es una experiencia que cimbra, pero que también permite que veas cuál es tu fortaleza.
En mi experiencia, la sola mención de la palabra quimioterapia (o quimio, para que suene con cariño) te remonta a una “historia negra”, que puede ser cierta o no, pero que crea más miedo entre quienes deben recibirla. En realidad, la palabra quimioterapia significa que recibes químicos y, en ese sentido, todo medicamento lo sería. Sin embargo, por alguna razón que ignoro el término quedó relacionado sólo a los tratamientos oncológicos y fue asociado al miedo, a un miedo inmenso. En otro momento les compartiré mis experiencias con otras pacientes, a quienes tuve oportunidad de confortar y tranquilizar para que pudieran recibir su tratamiento porque el miedo se los impedía.
Hoy sólo quiero recordar que hace un año empecé el que sería mi tratamiento. Era un momento que deseaba y me generaba cierto nerviosismo asociado a un sentimiento de “estar tarde”. La mastectomía fue el 15 de septiembre y siete semanas después aún no había iniciado la quimioterapia, y yo ya sabía que -según los estándares médicos del tema- lo recomendable y deseable es iniciarlo a más tardar seis semanas después de salir del quirófano.
¿Por qué tardé en empezar el tratamiento? La respuesta resulta compleja, así que haré un resumen y sólo diré que básicamente se debió a que elegí recibirlo en el Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, una institución pública con una muy alta demanda de servicios y un muy buen nivel de atención, aunque no sea el común a todos los pacientes. En mi caso, lo sé, fui muy afortunada por contar con la simpatía y la amabilidad de médicos y enfermeras, pero otros pacientes no lo viven igual y cuentan sus propias historias.
Así que después de semanas de trámites y revisiones médicas, ese miércoles 9 de noviembre por fin estaba en la antesala de la primera quimioterapia. Me acompañaban mi marido y mi mamá. Todos estábamos a la expectativa, a lo que sería una experiencia que nunca antes habíamos vivido. Ellos permanecieron en la antesala, y a mí me pasaron a una habitación inmensa, donde hay varias decenas de sillones estilo reposet.
Yo había elegido estar bien; salir bien de esa experiencia, así que me ubique en un sitio en el que prácticamente estaba sola, en paz. Una de las enfermeras se acercó a mí y bromeó conmigo por llevar una bolsa color roja. Según su opinión, al término de las quimios yo odiaría ese color. En ese momento no entendí por qué… lo supe momentos después cuando vi que me pondrían una de las famosas quimios rojas, como las llaman.
Pero yo sabía la importancia de la actitud en el proceso, así que esa mañana empecé con una especie de ritual que seguí durante todo el tratamiento: elegí darle la bienvenida a la quimioterapia; bendije y agradecí al medicamento que me sanaría y le pedí que fuera lindo con las células buenas. Mis palabras, mis pensamientos, los convertí en decretos y acompañé esa especie de meditación personal con ejercicios de respiración.
Así, la quimio roja entró en contacto con mi sangre y sí, hay mucho más que compartir sobre la experiencia, sobre sus efectos, sobre lo aprendido en esos meses, pero hoy a un año de distancia sólo la bendigo de nuevo por haberme ayudado a curar.

¿Cuánto tardó en formarse el tumor que me quitaron?

Esa es una pregunta ociosa, pensaba yo -que siempre quiero saber todo de todo lo que me interesa o afecta-, porque hoy sé que es algo que ya no tiene importancia, que quedó a atrás, y que me ha dejado una enorme enseñanza.
Sin embargo, sí te comparto que hace unos meses me sorprendí muchísimo cuando una de las doctoras a las que consulto comentó que el tumor que causó la mastectomía debía tener unos seis años o un poco más en formación. 
¿Por qué me sorprendió? Porque en 2006 -ahora lo sé- tuve un aviso de lo que vendría; me hicieron una cirugía, me quitaron tres “zonas de lesión”, como eufemísticamente las llamaron entonces, que resultaron benignas, inicié tratamientos y, de manera sistemática, mastografías anuales y ultrasonidos mamarios cada seis meses… y en ninguno de ellos “se vio” lo que vendría. De hecho, un día antes de la cirugía me hicieron estudios y no había nada que indicara malignidad, según el BI-RADS (Breast Imaging Reporting and Data System), ya que los resultados estaban en niveles 2 y 3, lo que hablaba de que aunque había “algo” que no debía estar ahí, no tenía por qué alarmarme y podría repertirme el estudio en unos 4 o 6 meses para descartar cualquier cosa. Sin embargo, decidí entrar al quirófano y eso fue providencial, un regalo de vida, pues sé que por ello sigo adelante.
¿Por qué lo digo? Porque ahí, en el quirófano, la realidad fue otra. Ahí fue cuando el cirujano oncólogo determinó la mastectomía radical porque el tumor que había generado medía más de 2 centímetros y, sí, era cáncer.

Hoy, después de leer y escuchar mucho sobre la enfermedad, he aprendido estas cosas que te comparto:

  • Un tumor mamario canceroso puede tardar de 6 a 7 años para alcanzar un centímetro, es decir, llegar a lo que llaman Etapa o Estadío I, que si es detectado oportunamente tiene un 95 % de probabilidades de curación sin que el tratamiento sea mutilante (a veces optan por una cirugía oncoestética).
  • T II: tumor de 2 a 5 centímetros, que es donde yo estaba cuando lo detectaron durante la cirugía.
  • T III: tumor de más de 5 centímetros
  • T IV: compromiso fuera de la mama y axila y otros órganos.

Los diversos doctores que me han atendido me han explicado la importancia de conocer el tipo de cáncer que se genera, así como la etapa en la que se encuentra, ya que de ello depende la elección de las mejores opciones de tratamiento.
De ahí que, en verdad, estoy convencida de que cada tratamiento es un “traje a la medida” que busca lograr que recuperemos la salud, y lo mejor que podemos hacer como pacientes es elegir a un oncólogo especializado, confiar en él y apoyarlo con nuestro ánimo en alto, porque sí es posible sanar.

¡Tócate!, una muestra de amor que empieza en la adolescencia

Desde esta semana mi hija Débora (Moshi para mí) empezó a usar un nuevo accesorio. Regalo de su amiga Camila, es de silicón azul con grandes letras blancas. Se trata de una pulsera que es parte de la campaña I Love Boobies Check Your Self!!, que realiza en varios países la fundación Keep a breast para promover la autoexploración desde la adolescencia. Mi hija y su amiga tienen 14 años.

El uso de la pulsera se popularizó desde hace años en Estados Unidos, donde está la sede de la fundación, y hasta el 2010 se habían comercializado más de 2 millones de ellas. Los adolescentes fueron los más entusiastas en adquirirlas y lucirlas en la variada gama de colores con que se producen.


“Son algo innovador entre la abundancia de lazos rosados (símbolo de la lucha contra el cáncer de mama). Estamos tomando un estilo de comunicación y un tabú, y convirtiéndolo en algo positivo”, dijo entonces Kimmy McAfee, vocera de la fundación, en una entrevista con CNN.
Sin embargo, este entusiasmo juvenil no fue compartido por las autoridades escolares de varios estados, como California y Dakota del Sur, porque pensaban que la palabra boobie es ofensiva por la connotación sexual que implica.
Tras haber vivido la experiencia de una inesperada mastectomía por cáncer de mama, saber de los ofendidos argumentos de quienes se oponen al uso de la pulsera me produce risa y me hace ver el largo camino que aún tenemos por delante para lograr que todos amemos el cuerpo con el que transitamos por esta vida. Cuidarlo y demostrarle amar “tocando” los senos cada mes como una medida que busca protegerlos es más que recomendable, y nos toca a nosotras, las adultas, enseñar a nuestras hijas a hacerlo y adquirir el hábito.
Ese es el propósito de Keep a breast. La fundación mundial y sin fines de lucro explica en su página web que todos sus esfuerzos están encaminados a erradicar el cáncer de mama en las generaciones futuras.
La pulsera es sólo una manera de captar la atención de los más jóvenes, pero también incluyen en su estrategia campañas de información que hacen énfasis en una vida sana, libre de las toxinas del entorno en que vivimos, la autoexploración y la detección temprana de la enfermedad.
Algunas de las personalidades que desde el arte impulsan la estrategia de Keep a breast son Katy Perry, Pink, The Foo Fighters y Dita Von Teese.

¿Puedes imaginar lo que es sentirte incompleto?

Enfrentarte al espejo tras una mastectomía radical es, sin duda, una de las experiencias más dolorosas e impactantes que puede vivir una mujer. Al dolor físico se une el emocional: el generado por el duelo ante una pérdida, por  creencias erróneas que asocian la feminidad a los senos o que obligan a la paciente a emprender una cruzada para convencer a quienes la rodean que aún es suficiente mujer.

En mi caso, ese momento llegó menos de 24 horas después de la cirugía. El impacto es tan fuerte que desgarra el alma. A un año de distancia, puedo compartirte que no estaba preparada para ello… como tampoco lo estaba mi mamá, quien en esa única ocasión se permitió llorar conmigo.

Sí, sé que muchas personas han perdido sus extremidades, inferiores y superiores, en distintas condiciones, y que muchos de ellos nos ponen el ejemplo por su entereza para levantarse y enfrentar la vida. Pero desde mi experiencia, el “choque” que se recibe al ver la cicatriz que deja la ausencia de un seno es doblemente doloroso, no sólo por la pérdida física sino, como dije antes, por todo lo que representa.

Por cultura se asocia a los senos con la feminidad y existe la creencia de que son parte fundamental del saberse y sentirse mujer. Por eso, la pérdida de uno de ellos, o de los dos, es tan fuerte. Sí, estás viva y de pie, haciendo frente a la enfermedad, pero por unos segundos de irreflexión, en los que no piensas y sólo sientes, ni eso te parece suficiente para superar la pérdida. Nada te prepara para la transformación del paisaje que representa tu cuerpo y que estás acostumbrada a ver. De pronto, de golpe, de manera quizá inesperada -como en mi caso-, debes empezar a entender que donde antes había colinas o montañas, ahora sólo habrá planicies, valles y quizá hasta hondonadas, porque la cirugía es tan severa que los médicos se ven obligados a “raspar” la mayor cantidad de tejido y células en un afán de erradicar todo signo de malignidad.

Y aun cuando fijé en mi mente y en mi corazón que como mujer soy mucho más que un seno, en los primeros días tras la cirugía me propuse que nadie, salvo mi mamá y, por supuesto, los médicos y enfermeras que me atendían, vería la cicatriz física que me causó el cáncer de mama. Entiendo que uno no va por la vida mostrando esas cicatrices, pero de pronto puedes estar en medio de situaciones en las que brota la proverbial “curiosidad femenina” y hay alguien que te pide que le muestres cómo se ve, cómo quedaste. Entonces, para no vivir una experiencia similar y evitar un mal momento que, generalmente, termina con el impacto dibujado en el rostro, incluí en mi -inicial- negativa a mis hermanas, amigas, tías, sobrinas y, sobre todo, a mi hija adolescente.

Así, pese a la inutilidad física en la que estaba y por si mi mamá no podía apoyarme, aprendí a hacerme las curaciones yo misma. Realmente me agobiaba pensar que alguien viera la cicatriz y se impactara. La preocupación era tal que cuando acudí a comprar mi primera prótesis, a la que llaman de descanso, me quedé petrificada cuando Yoli, la dueña de la boutique especializada a la que acudí, me pidió que me retirara los vendajes. Mis emociones fueron más que evidentes, así que Yoli me invitó a pasar al vestidor y yo, cual niña pequeña, entré pero en compañía de mi mamá. Una vez ahí, Yoli me dijo: “yo soy sobreviviente de cáncer de mama, y también me hicieron una mastectomía. Nunca me reconstruí. Mira mi cicatriz”. Y sí, su imagen me devolvía la mía como si fuese un espejo. La empatía fue, a partir de ese momento, inmediata.

Por unas semanas usé esa prótesis de descanso y después, cuando los tejidos se desinflamaron y esa resultaba inadecuada, pude adquirir una prótesis externa, tan natural que resulta imperceptible cuando se lleva. A la par, aprendí a aceptar y a amar la cicatriz que tengo, a comprender que también soy yo… y ya no me agobia pensar en que alguien pueda verla. Cuando me sometía a las sesiones de radioterapia, por ejemplo, otra hermana de vida -y de circunstancias- me pidió que se la mostrara porque ella tenía problemas con su cicatriz. Y sí, pude hacerlo en tranquilidad y respeto hacia mi nueva amiga y, sobre todo, hacia mí misma.

En todo este proceso aprendí también a agradecer por lo afortunada que soy. Yo tuve los medios para adquirir las dos prótesis (y la ropa interior especial para usarlas) casi a la par de ocurrida la mastectomía. Y sí, es una enorme ventaja que te permite verte “normal” a los ojos propios y de los demás. Recuerdo la gracia que me causó ver cómo algun@s que sabían de mi cirugía hacían diversos esfuerzos para “adivinar” qué lado era el operado, porque aparentemente no había cambios.

Sin embargo, muchas mujeres no son tan afortunadas y si no cuentan con recursos económicos, para disimular su lado incompleto se “fabrican” una especie de prótesis con bolsitas de plástico rellenas de alpiste u otro material.

La verdad, no quiero ni pensar en lo que sienten al usarlas. Me gustaría creer que hacerlo es mejor que nada, pero no estoy tan segura de que así ocurra.

Por ello, el lunes me llamó la atención una noticia publicada en Reynosa, Tamaulipas, en la que hablan de que un grupo de voluntarias del IMSS tomó un taller para fabricar prótesis que regalan a mujeres mastectomizadas. En un año, han entregado seis de ellas y planean seguir produciéndolas.

Esas prótesis son elaboradas con hule espuma, al que se le añaden 350 gramos de balines para darle la forma y el tamaño requerido. Por último, la recubren con seda. La información no habla de la inversión que se requiere para cada una, pero calculo que es mucho menor a los 3,000 pesos que invertí en la mía, sin contar la adquisición de la ropa interior especial.

La verdad sea dicha, ese precio es relativo. Quizá resulte poco a los ojos de algun@s y mucho para otr@s. Lo cierto es que para mí es una cantidad muy bien empleada. En verdad, creo que el usar prótesis adecuadas, modernas, de calidad, y el tener acceso a la reconstrucción, cuando médicamente hay oportunidad de ello, no es una cuestión de estética. Se trata de recuperarte como mujer; de recobrar la autoestima, de sanar emocionalmente… y sí que vale la pena hacerlo.

Mi segundo “cumpleaños”… Una experiencia para compartir

Hay fechas que te marcan, no por el día en sí sino por los acontecimientos que sucedieron en ese momento. En mi caso, una de esas fechas especiales es el 15 de septiembre de 2011. Justo hace un año me sometí a una cirugía aparentemente sencilla que derivó en una mastectomía radical del seno izquierdo por un adenocarcinoma. Sí, yo tenía cáncer de mama… y lo ignoraba.

A mis 50 años y, como periodista habituada a leer, investigar y obtener información de primera mano, consideraba que estaba enterada del cáncer de mama y de todo aquello que debíamos hacer para “prevenirlo”. Así, periódicamente acudía a mis citas médicas y me sometía a estudios de imagenología: ultrasonidos mamarios y mastografías, que decían que yo estaba bien, sin problemas.

De hecho, un día antes de la cirugía me entregaron los resultados de los últimos estudios, a los que me sometí debido a que tenía una “bolita” en el seno izquierdo. Según los médicos que los interpretaron, esa “bolita” era un “granuloma posiblemente generado por un cuerpo extraño y era benigna”. Sin embargo, como me lo recomendaron, acepté someterme a la cirugía para evitar inconvenientes futuros.

Con la seguridad de que todo estaba bien, entré al quirófano y, horas después –cuando desperté en la habitación del hospital que me fue asignada–, me enteré de mi “nueva” realidad: “Te quitaron el seno izquierdo porque… era cáncer”, recuerdo que me dijo mi cuñado. “Pero tú eres valiente y vas a salir de esto”.
Las palabras me impactaron, por supuesto. Lloré mientras mis pensamientos volaban hacia mi marido y mis dos hij@s adolescentes, que me esperaban en nuestro hogar en la Ciudad de México. Yo había elegido operarme en Guadalajara, porque ahí están mis papás y hermanos, y pensé que era una buena ocasión para reunirnos y convivir. Nada, nadie, me había preparado para el desenlace de la cirugía… pero yo sí me había preparado para dar la batalla que venía.

Aun en medio del dolor y el impacto de la noticia, recordé que los últimos seis años de mi vida los había pasado en múltiples cursos, aprendiendo, adquiriendo herramientas, ampliando mi conciencia, y entendí que Dios, el Universo, la Fuente de la cual provengo, me había guiado y preparado para ese momento. Supe que lo primero que debía hacer era transformar el miedo y los pensamientos negativos en paz interior, en armonía, en confianza, porque solo así tendría la fortaleza para salir adelante, para no preocupar de más a mi familia y a los que me aman; porque solo así podría alejarme del ¿por qué a mí? y trascender al ¿para qué vivo esta experiencia?
Esa fuerza interior pude conservarla la mayor parte del tiempo frente a mis papás, hermanos y sobrinos, que me acompañaban en todo momento, y solo flaqueé al escuchar por teléfono a mis hijos y a mi marido. Por más esfuerzos que hice, no pude evitar las lágrimas. ¡Había tanto que vivir juntos! ¡Tanto por qué hacer y compartir! También debía evitar que mis hijos se enteraran del diagnóstico por una llamada telefónica o por internet. Como sociedad hemos desarrollado la creencia de que el cáncer es una sentencia de muerte, pero esa tarde de jueves yo sabía, porque así lo sentía en mi corazón, que en mi caso el cáncer sería una experiencia de vida; una experiencia para aprender; y así quería trasmitírselo a mis hijos, pero de frente, cuando ellos pudieran verme y creer que su mamá sí estaba bien y viva.

Entonces, mientras mi familia en Guadalajara salía del shock y se ocupaba de mí y, mi marido, al igual que ellos, asimilaba el diagnóstico, mi pensamiento estaba en evitar que esa realidad llegara a mis hijos; en pedirles a todos los amigos que me llamaron que evitaran comentar mi situación en las redes sociales y que fueran discretos si hablaban con mis hijos. En ese momento, no imaginé la gran tarea que llevaríamos a cabo en conjunto. Mis planes al viajar a Guadalajara eran permanecer ahí solo cuatro días. Mi estancia se prolongó cuatro semanas; tiempo en el que mis hijos hablaban conmigo, pero sin saber todo lo que ocurría.

Ese tiempo, también me dio oportunidad de agradecer por lo afortunada que era y soy. Esas semanas me dieron el regalo del reencuentro con mis amigas de secundaria, de preparatoria; con los amigos de la universidad, de los distintos empleos y actividades que desempeñé en Guadalajara, y todas ellas y ellos me arroparon con su cariño y buena energía.

Además, convencida de que no hay mejor terapia que el ser productiva y estar ocupada, tres días después de la cirugía retomé desde Guadalajara mi actividad laboral, gracias a la comprensión de mi editor en jefe y a las bondades de la tecnología. Días más tarde, los directivos de la empresa y mi jefe, me permitieron seguir trabajando, a distancia, mientras me sometía al tratamiento médico que me prescribieron los médicos oncólogos: ocho ciclos de quimioterapia y 30 sesiones deradioterapia; ambos, tratamientos fuertes de los que “salí” hace apenas unas semanas con un excelente pronóstico.
El proceso ha sido largo, en términos del esfuerzo –físico y emocional– que implica. Por unos meses, por ejemplo, la cabellera desapareció junto con las pestañas y las cejas, pero la naturaleza es generosa y, al retirarle al organismo la quimioterapia, han empezado su renovación.
Y sí, me hace feliz saber que terminó la etapa fuerte, aunque me quedan cinco años de tomar un medicamento diario y mantener un control constante. También, tengo por delante el reto de la reconstrucción, pero este es un capítulo aparte.

Lo que aprendí en este año me llevó a pensar en lo desinformadas que, en el mejor de los casos, estamos las mujeres frente a una enfermedad como el cáncer de mama. Hoy sé que en el 2011 yo era ingenua… o ignorante. Antes de la cirugía, creía que el cáncer de mama era “prevenible”. Ahora sé que hasta este momento no hay prevención alguna; pero, si hacemos de la autoexploración un hábito para aprender a conocer cada milímetro de nuestros senos, desterramos el miedo y nos habituamos a visitar al oncólogo al menos una vez cada año desde que somos adolescentes, las mexicanas estaremos dando pasos importantes para controlar la enfermedad, por la sencilla razón de que su diagnóstico será temprano y, siendo así, existen todas las posibilidades para superarla y sobrevivir.

Esta nueva conciencia en mi vida, en la que es fundamental el amor, propio y hacia los demás, el buen ánimo, los pensamientos positivos y la confianza en los profesionales médicos que me atienden, me animaron a compartir mi experiencia. Sé que hay mucho qué decir y hacer; muchas mujeres, compañeras de vida, a quienes apoyar, para hacerles ver que vamos de la mano en este proceso.
El primer paso en ese camino es este espacio, en el que compartiremos experiencias e información útil, pero sé que vienen muchos más porque estoy decidida a aprovechar esta segunda oportunidad. Así, este 15 de septiembre, cuando mi país festeja las más importantes festividades patrias, yo estaré –como dice mi hija de 14 años–, celebrando mi segundo nacimiento; una nueva posibilidad para agradecer y honrar mi vida.

Mis razones

Soy mujer, madre de dos jóvenes (un universitario y una princesa); soy periodista, soy hija, hermana, tía, amiga,  y… yo soy sobreviviente de cáncer de mama.

El año que recién concluye en mi historia, me sometí a varios tratamientos para erradicar esa enfermedad que se hizo presente en mi vida de forma inesperada y, al hacerlo, aprendí y me di cuenta de la necesidad de información que tenemos much@s de l@s pacientes.

Así, como agradecimiento y un homenaje de vida, me propuse crear un espacio para compartir, para concentrar la mayor parte de lo que se publica -con fundamento- sobre el tema y, si es posible, crear una comunidad de amig@s interesad@s en que disminuyan las estadísticas sobre el cáncer de mama.

Me encantaría tener tu apoyo y tu complicidad en esta aventura que recién inicia. Cuento con tus críticas, comentarios, sugerencias, dudas… en fin, todo lo que desees compartir conmigo.

Te abrazo