El cáncer de mama en la comunidad hispana de EU

Sí, va la información, pero antes una nota personal: Jesús Adrián es periodista experto en redes sociales. También es un magnífico ser humano y un mejor amigo: desde la mastectomía que me practicaron en septiembre de 2011 me ha mostrado su apoyo y su cariño de manera incondicional: todos los días se comunica conmigo para desearme ánimo y compartirme su optimismo. En verdad, es un honor tener amigos como él. Hace algunas semanas, Jesús Adrián se convirtió en corresponsal de un medio internacional y, como parte de su labor, reporteó la historia que aquí les comparto. Si desean leerla íntegra, visiten Mundo Fox.
El día que Liliana Padilla contestó el teléfono y el médico le dijo que tenía cáncer de seno, su vida cambió. “No alcanzaba a comprender. Sentí desesperación, pánico. En ese momento no me pasó por la mente el hecho de que peligraba mi vida”.
Padilla, residente de Chicago, ya había notado una “bolita” meses antes, pero no fue sino hasta su tercera visita al médico cuando le pidieron realizarse una mamografía. Tras una serie de estudios que le hicieron en un solo día, los médicos encontraron un tumor debajo del pezón izquierdo.   
Una vez que se informó y tuvo más conocimiento de la enfermedad que padecía, Padilla siguió el proceso que miles de personas llevan a cabo: más estudios médicos, cirugía, sesiones de quimioterapia, radiaciones, y medicamentos por los siguientes cinco años.
“Una hermana de mi papá murió de cáncer de seno a los 27 años. Por eso yo siempre iba al médico a revisarme”, comenta Padilla, quien se realizó estudios genéticos para corroborar lo que siempre le decían: que ella no tenía riesgo de heredar el cáncer de mama que había padecido su tía.
En ese momento Padilla no sabía que solo entre 5% y 10% de casos de cáncer de mama son de origen genético, es decir, de personas que heredan un gen anormal que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad, según la American Cancer Society.
El caso de Padilla, como el de la mayoría de hombres y mujeres con este diagnóstico, pudo ser causa de un estilo de vida.
“¿Para qué nos enfocamos en qué lo provocó? No se puede prevenir. Lo importante una vez que se detecta es vencerlo”, dice el doctor Gerardo Castorena, especialista en esta enfermedad. “Se pueden disminuir los factores de riesgo e incidencia, y hacer una detección oportuna, pero usar el término ‘prevenir’ es engañar a la gente”.
Padilla, quien hoy tiene 44 años, salvó su vida gracias a una detección temprana. “Es importante que todas las personas sepan técnicas de autoexploración y, en el caso de las mujeres, que conozcan sus senos”, comenta Castorena.
Este último punto es una de las causas principales de que las mujeres hispanas en Estados Unidos detecten la enfermedad cuando ya está avanzada, según un estudio de la American Cancer Society. “Algunas mujeres de origen hispano no están cómodas con su cuerpo, por lo tanto les es difícil aprender a tocarse el seno y más aún ir con el médico”, dice Jeanette Santana, coordinadora del programa de ayuda a Latinos con cáncer, que lleva a cabo la asociación Gilda’s Club Chicago, de la que Padilla forma parte. A esa situación cultural se suma “la falta de un seguro médico, lo costoso del tratamiento, y en algunos casos el estatus migratorio”.
Santana aconseja a las personas que no reciben el tratamiento adecuado por su situación financiera, a que se acerquen a las organizaciones altruistas de los hospitales, que ayudan a pagar parte de los costos.
Así tuvo que hacerle Padilla para tener la atención médica que necesitaba dado que perdió su empleo durante el tratamiento.

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