¡Felicidades a los (mis) médicos en su día!

Si bien hay de médicos a médicos, tengo la fortuna de comentarles que todos los que compartieron mi proceso, desde la mastectomía por cáncer de mama hasta este martes, son verdaderos profesionales, que honran su misión. Y hoy cuando están conmemorando su día, deseo hacerles un agradecimiento público porque con su conocimiento contribuyeron a que esté sana y viva, lo que, finalmente, era (y es) nuestro común objetivo.
Empezaré por agradecer:
Al doctor Francisco Salazar, cirujano oncólogo de Guadalajara, quien me practicó una muy fuerte cirugía, pero dentro de todo, el resultado fue muy bello. En verdad, Paco, aprecio mucho el trabajo realizado por ti y por tu equipo.
Al doctor Mario Pérez y equipo de oncólogos médicos del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, quienes me aportaron un excelente esquema de quimioterapia; mur fuerte, sí, pero era lo indicado para mí.
A la doctora Laura Torrecillas, directora de Oncología Médica en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, a quien veo en consulta privada en el Hospital Mocel, por su paciencia y gran detalle al seguir mi caso; por estar al pendiente de todo lo que debo hacer e ‘inyectarme’ tranquilidad.
Al doctor Armando Fernández Orozco, director de Radioterapia en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, a quien veo en consulta privada en el Hospital Médica Sur, por su calidad humana, sus conocimientos, su conversación; por dedicarme largas horas durante las 30 sesiones de radioterapia que tuve para explicarme qué es lo que estaba viviendo. Como siempre se lo dije, el doctor Fernández es un ángel en mi vida.
Al doctor Gerardo Castorena, director de la Clínica de Mama del Hospital ABC en Santa Fe, por revisar mi caso, aportarme tranquilidad, aclarar mis muchas dudas y ayudarme a decidir cuál es el camino que debo seguir. Por su calidez humana, su alegría, sus recomendaciones y su amistad.
También recuerdo a la doctora Bertha Medina, por las largas tardes que me escuchó, orientó y atendió; por su paciencia para lograr que, aun dentro de la experiencia que vivía, permaneciera en mi centro, con ánimo, con entusiasmo, con buena energía.
Y al doctor Gilberto Rosas Espinosa, pese a su ausencia y su silencio, porque es quien empezó la cadena para que recuperara mi salud y me recomendó al doctor Salazar.

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