‘Pinkwashing’, el engaño o el lucro con las causas rosas

Ignoraba que existía el concepto. Tampoco sabía que era un hecho que ocurría en diversos países del mundo, no sólo en México, pero esta mañana mi amiga Edna Montalvo me compartió un texto sobre el tema que circula a través de Facebook; de hecho es parte de una de sus famosas causas, y fue iniciada por Melissa Pak.
Estados Unidos acuñó el término Pinkwashing para referirse a aquellas empresas que dicen promover la concientización sobre el cáncer de mama, pero que en realidad ni donan recursos económicos ni divulgan de forma transparente el manejo que le dan a los fondos recaudados con tal fin y, lo que es peor aún, que ‘disfrazan’ productos que pueden ser cancerígenos con una envoltura o un lazo rosa para que el consumidor los adquiera.
El texto asegura que no se trata de una película de terror o de un documental para explicar el “secuestro de la causa rosa”, sino de una alerta porque cada vez son más las empresas (y sus directivos, claro) que se han dado cuenta del poder de venta de los productos rosa, sobre todo cuando se acerca el Otoño u octubre, como prefieras verlo.
Y sí, siempre hay empresas y fundaciones que actúan de manera correcta: abrazan una causa y dedican esfuerzos para generar recursos y apoyar a otros. Se trata de una alianza ganar-ganar: los empresarios elevan sus utilidades, las fundaciones ven cómo la causa se hace visible y llegan recursos para promoverla, y los consumidores obtienen productos de calidad y apoyan una labor altruista. Todos ganan.
Pero el Pinkwashing ha puesto el acento sobre aquellas asociaciones que se autoenriquecen y sobre productos rosas que son falsos y cuya venta sólo está destinada a “llenar los bolsillos de corporaciones codiciosas que capitalizan la generosidad de la gente”. Aunque Pink Ribbon International tiene los derechos sobre el emblemático lazo rosa, es bien cierto que existen las modificaciones de diseño, el cambio de color y la adaptación del icónico símbolo que así puede ser utilizado sin problema prácticamente por cualquiera para promover alguna causa o producto relacionados con la recaudación de recursos asociados a la concientización del cáncer de mama, sin que en los hechos (¡ojo!) esté cumpliendo con ese objetivo.
Así, el texto nos invita a convertirnos en consumidores responsables y, si al comprar (más al acercarse octubre) abrazamos la causa rosa, verifiquemos que:

  • Las asociaciones que recaudan recursos tengan un manejo transparente de ellos y constantemente informen el uso que les han dado.
  • Que los productos rosas sean realmente inocuos, realizados con sustancias que no causen enfermedades.
  • Que las empresas que comercializan esos productos informen al término de cada campaña, cuánto dinero recaudaron y qué porcentaje están donando a qué asociación o fundación y para qué fin específico.
Estoy segura de que coincides conmigo en que estas recomendaciones son muy pertinentes y para tomarse en cuenta. En realidad, no se trata de desconfiar de la buena de fe de muchos, sólo de verificar que en realidad los recursos se ejercen para la causa que se abandera.
Después de todo, como las cosas que valen la pena en la vida, el mejor apoyo a la concientización sobre el cáncer de mama es gratuito: si te practicas la autoexploración mensual y enseñas a las mujeres que son importantes en tu vida a autoexplorarse estarás haciendo un gran servicio en aras de una detección oportuna de la enfermedad y, por ende, en la reducción de la tasa de mortalidad que genera.
Así que, y nunca mejor dicho, ¡manos a la obra!

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