El albergue de la Cruz Rosa comparte apoyo y esperanza

Apoyar. Crecer. Creer en los sueños. Usar la experiencia propia para ponerla al servicio de otras mujeres con cáncer de mama. Esa ha sido la misión de vida de Magdalena Chapa en los últimos ocho años, que es cuando inició actividades la Cruz Rosa
Actual presidenta de la asociación con sede en Monterrey, Nuevo León, Mane -como le dicen de cariño-, empezó la fundación de la Cruz Rosa junto con Gabriela Navarro. “Gaby me buscó para que colaborara con ella y me encantó la idea”, recuerda.
En 1998, Mane se había enfrentado a la experiencia del cáncer de mama. El tumor que desarrolló medía cinco centímetros y pasó por tratamiento de quimioterapia y radioterapia, además de chequeos constantes. “Hoy estoy bien, y con la esperanza de seguir así. Ayudar a otras me motiva a seguir adelante”.

Como en casa
Gaby, expresidenta de Cruz Rosa, y Mane iniciaron la construcción de un albergue que hoy tiene capacidad para 40 pacientes, a quienes se ofrece hospedaje, alimentación, medicamentos, así como apoyo integral que incluye tratamiento psicológico y trabajo social. A esa sede llegan mujeres no sólo de Nuevo León; también otros estados vecinos se han beneficiado con los servicios que ahí ofrecen.
Además, la Cruz Rosa cuenta con módulos en hospitales: en el Universitario, el Metropolitano y el IMSS, que ofrecen orientación psicológico y trabajo social. También crearon un banco de pelucas, turbantes y prótesis, y han editado una guía de 13 temas, que ya va por la segunda edición, con la que orientan a las pacientes en diversos temas.

Como se aprecia en el video, los últimos ocho años han sido plenos en actividades. La asociación ha prestado 165,000 servicios. Para ello, cuenta con una planta de 15 colaboradores fijos, más aquellos que se suman al voluntariado, para apoyar directamente a los pacientes o para participar activamente en el área de realización de eventos, como el Maratón de Tejido, que se realiza cada año. El próximo noviembre se efectuará la novena edición de esta actividad, en la que decenas de mujeres se reúnen y tejen gorros que después son donados en hospitales. “Es una motivación para los pacientes”, asegura Mane.

Una nueva oportunidad
Para Manelas experiencias compartidas han resultado interesantes pero también útiles para entender que las mujeres que desarrollan cáncer “vienen de cosas muy complicadas. La enfermedad es un alto en su vida para ver qué pueden cambiar, qué necesitan cambiar. Se trata de una enfermedad multifactorial, y puede aprovecharse para hacer un alto, para crecer e ir más arriba. Se puede sacar mucho de provecho”.

Más información sobre la Cruz Rosa: http://cruzrosa.org.mx