A un año de la primera quimioterapia: ¡gracias ‘roja’!

Hace un año empecé la primera de las sesiones que quimioterapia que me prescribieron los oncólogos médicos. Serían seis, según me dijeron entonces, y a mí me parecían ‘muchísimas’; finalmente fueron ocho ciclos, fuertes, muy fuertes, gracias a la resistencia de mi organismo que permitió salir rápido de ellos. Meses después me enteraría de que hay pacientes que tienen otra respuesta, entonces les “fraccionan” el ciclo para que puedan soportarlo, y llegan a tener 16 sesiones o más.
La quimioterapia impacta, es una experiencia que cimbra, pero que también permite que veas cuál es tu fortaleza.
En mi experiencia, la sola mención de la palabra quimioterapia (o quimio, para que suene con cariño) te remonta a una “historia negra”, que puede ser cierta o no, pero que crea más miedo entre quienes deben recibirla. En realidad, la palabra quimioterapia significa que recibes químicos y, en ese sentido, todo medicamento lo sería. Sin embargo, por alguna razón que ignoro el término quedó relacionado sólo a los tratamientos oncológicos y fue asociado al miedo, a un miedo inmenso. En otro momento les compartiré mis experiencias con otras pacientes, a quienes tuve oportunidad de confortar y tranquilizar para que pudieran recibir su tratamiento porque el miedo se los impedía.
Hoy sólo quiero recordar que hace un año empecé el que sería mi tratamiento. Era un momento que deseaba y me generaba cierto nerviosismo asociado a un sentimiento de “estar tarde”. La mastectomía fue el 15 de septiembre y siete semanas después aún no había iniciado la quimioterapia, y yo ya sabía que -según los estándares médicos del tema- lo recomendable y deseable es iniciarlo a más tardar seis semanas después de salir del quirófano.
¿Por qué tardé en empezar el tratamiento? La respuesta resulta compleja, así que haré un resumen y sólo diré que básicamente se debió a que elegí recibirlo en el Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, una institución pública con una muy alta demanda de servicios y un muy buen nivel de atención, aunque no sea el común a todos los pacientes. En mi caso, lo sé, fui muy afortunada por contar con la simpatía y la amabilidad de médicos y enfermeras, pero otros pacientes no lo viven igual y cuentan sus propias historias.
Así que después de semanas de trámites y revisiones médicas, ese miércoles 9 de noviembre por fin estaba en la antesala de la primera quimioterapia. Me acompañaban mi marido y mi mamá. Todos estábamos a la expectativa, a lo que sería una experiencia que nunca antes habíamos vivido. Ellos permanecieron en la antesala, y a mí me pasaron a una habitación inmensa, donde hay varias decenas de sillones estilo reposet.
Yo había elegido estar bien; salir bien de esa experiencia, así que me ubique en un sitio en el que prácticamente estaba sola, en paz. Una de las enfermeras se acercó a mí y bromeó conmigo por llevar una bolsa color roja. Según su opinión, al término de las quimios yo odiaría ese color. En ese momento no entendí por qué… lo supe momentos después cuando vi que me pondrían una de las famosas quimios rojas, como las llaman.
Pero yo sabía la importancia de la actitud en el proceso, así que esa mañana empecé con una especie de ritual que seguí durante todo el tratamiento: elegí darle la bienvenida a la quimioterapia; bendije y agradecí al medicamento que me sanaría y le pedí que fuera lindo con las células buenas. Mis palabras, mis pensamientos, los convertí en decretos y acompañé esa especie de meditación personal con ejercicios de respiración.
Así, la quimio roja entró en contacto con mi sangre y sí, hay mucho más que compartir sobre la experiencia, sobre sus efectos, sobre lo aprendido en esos meses, pero hoy a un año de distancia sólo la bendigo de nuevo por haberme ayudado a curar.

Un modelo para estudiar el cáncer de mama más agresivo

Científicos argentinos dieron un paso adelante en el estudio del tumor mamario más agresivo, al crear un modelo de estudio que, aseguran, abre caminos para desarrollar terapias orientadas a bloquear las metástasis. Los resultados del trabajo fueron publicados en la edición de septiembre de la revista internacional Cancer Biology & Therapy.
El cáncer de mama es la patología maligna de mayor incidencia en la población femenina a nivel mundial. No es una enfermedad única, sino que existen distintos tipos genéticos que presentan características clínicas particulares. De ellos, los llamados triple negativo (aquellos que no expresan tres tipos de receptores) representan un 15 % de todos los tumores mamarios y suelen ser los de peor pronóstico.
Ese tipo de tumor “no cuenta al momento con terapias específicas y, si bien se trata con quimioterapia convencional, presentan alta tasa de recurrencia y mortalidad”, indicó el doctor José Mordoh, jefe del Laboratorio de Cancerología del Instituto Leloir y director del Centro de Investigaciones Oncológicas de la Fundación del Cáncer (FUCA).

El método
Lo que desarrollaron Paula Roberti, Marcela Barrio, Mordoh y otros científicos fue cultivar células provenientes de un cáncer de mama humano triple negativo, las cuales fueron luego inoculadas en ratones de experimentación, que permiten el crecimiento de células humanas sin rechazarlas.
“Las células resultaron ser metastásicas en el ratón al invadir los ganglios: un proceso semejante al que ocurre en la enfermedad humana”, precisó Mordoh. Tras varios ciclos de crecimiento de este tejido enfermo, los científicos lograron obtener células significativamente más agresivas.

Hallazgos
El equipo del investigador evaluó más de 160 proteínas presentes en los tumores metastásicos y estableció una categorización entre aquellas que experimentaron mayor y menor cambio. “Sobre ellas profundizaremos nuestras investigaciones”, anticipó Mordoh, quien agregó que en base a ese conocimiento “se podrían diseñar fármacos que ataquen moléculas fundamentales del proceso metastásico para impedirlo”.
Para profundizar en los mecanismos moleculares que subyacen al proceso, los científicos realizaron una comparación entre las células originarias y las metastásicas mediante una tecnología que permite evaluar los cambios de ciertas proteínas celulares.
Ya comenzaron los estudios preclínicos, tanto en cultivo de células como en animales. “De funcionar todo bien, los primeros ensayos clínicos podrían comenzar en un año; durar unos tres años, y si todo continúa de acuerdo a lo esperado se podría avanzar hacia una posible aprobación en unos cinco años”, en 2017, indicó Mordoh.
La investigación se ha desarrollado de manera conjunta por la Fundación Instituto Leloir, FUCA y el Instituto Alexander Fleming. Las instituciones que apoyaron este estudio fueron la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el CONICET, FUCA, la Fundación Sales, la Fundación María Calderón de la Barca y la Fundación P. Mosoteguy.

Fuente: Agencia CyTA-Instituto Leloir
Importante: Mi sugerencia es que platiques con tu especialista sobre este tema. 

¡Felicidades a los (mis) médicos en su día!

Si bien hay de médicos a médicos, tengo la fortuna de comentarles que todos los que compartieron mi proceso, desde la mastectomía por cáncer de mama hasta este martes, son verdaderos profesionales, que honran su misión. Y hoy cuando están conmemorando su día, deseo hacerles un agradecimiento público porque con su conocimiento contribuyeron a que esté sana y viva, lo que, finalmente, era (y es) nuestro común objetivo.
Empezaré por agradecer:
Al doctor Francisco Salazar, cirujano oncólogo de Guadalajara, quien me practicó una muy fuerte cirugía, pero dentro de todo, el resultado fue muy bello. En verdad, Paco, aprecio mucho el trabajo realizado por ti y por tu equipo.
Al doctor Mario Pérez y equipo de oncólogos médicos del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, quienes me aportaron un excelente esquema de quimioterapia; mur fuerte, sí, pero era lo indicado para mí.
A la doctora Laura Torrecillas, directora de Oncología Médica en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, a quien veo en consulta privada en el Hospital Mocel, por su paciencia y gran detalle al seguir mi caso; por estar al pendiente de todo lo que debo hacer e ‘inyectarme’ tranquilidad.
Al doctor Armando Fernández Orozco, director de Radioterapia en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del ISSSTE, a quien veo en consulta privada en el Hospital Médica Sur, por su calidad humana, sus conocimientos, su conversación; por dedicarme largas horas durante las 30 sesiones de radioterapia que tuve para explicarme qué es lo que estaba viviendo. Como siempre se lo dije, el doctor Fernández es un ángel en mi vida.
Al doctor Gerardo Castorena, director de la Clínica de Mama del Hospital ABC en Santa Fe, por revisar mi caso, aportarme tranquilidad, aclarar mis muchas dudas y ayudarme a decidir cuál es el camino que debo seguir. Por su calidez humana, su alegría, sus recomendaciones y su amistad.
También recuerdo a la doctora Bertha Medina, por las largas tardes que me escuchó, orientó y atendió; por su paciencia para lograr que, aun dentro de la experiencia que vivía, permaneciera en mi centro, con ánimo, con entusiasmo, con buena energía.
Y al doctor Gilberto Rosas Espinosa, pese a su ausencia y su silencio, porque es quien empezó la cadena para que recuperara mi salud y me recomendó al doctor Salazar.

¿Te diagnosticaron cáncer y tienes hijos pequeños?

Hablar sobre cáncer, a veces, resulta un tanto difícil. Las palabras no alcanzan a explicar lo que se vive o se siente, más si se busca compartir la experiencia con hijos pequeños.
En España, esa realidad dio paso al libro Mamá se va a la guerra; pero antes, en México, una autora maravillosa, humana y creativa -que además imparte unos cursos sensacionales- se dio cuenta de ello debido a una experiencia muy cercana, y escribió Enfermedad se escribe con C, una historia que explica de manera sencilla y muy clara lo que puede ser un tratamiento de cáncer y sus repercusiones en la familia.
“En diciembre de 2007 mi hermano de 38 años fue diagnosticado con Hodgkins, un tipo de cáncer linfático. De inmediato tuvimos que enterarnos, investigar, leer, preguntar, todo lo relacionado al respecto; nosotros, los adultos. Pero qué decirles a sus hijos de 10 y 12 años que los informara sin alarma, cómo incluirlos en un proceso familiar de curación con amor y responsabilidad”, relata Edmée Pardo en su página de internet.
El resultado es la historia de Clara:

Yo conocí el libro gracias a una amiga, Karina, cuando apenas pasaba el segundo ciclo de quimioterapia. La historia me conmovió y gustó. Si bien se trata de un caso distinto, de un cáncer en una niña, hay situaciones que son comunes a los pacientes en tratamiento. Por ello se lo di a leer a mis hijos adolescentes, a mi mamá, a mi marido, quien a su vez lo compartió con otros amigos.
Después, tuve oportunidad de agradecerle a Edmée el haberlo escrito reflejando su personalidad, amena, divertida, amable, en la historia. En mi creencia, mucho ganaríamos como pacientes en proceso de recuperar la salud si aprendiéramos a ver la vida con optimismo, con ánimo, con amor hacia nosotros mismos y hacia los demás.
¡Gracias Karina por el regalo de Enfermedad se escribe con C! ¡Gracias Edmée por poner en palabras lo que muchos sentimos, ya sea como pacientes o como familiares!

La cirugía oncoestética ‘salva’ 90 % de los senos

¡Qué gusto saber! -sobre todo después de haber pasado por una mastectomía-, que el 90 % de las mujeres que son sometidas a una cirugía por cáncer de mama logra conservar sus senos ‘intactos’, gracias a los avances en el tratamiento de la enfermedad y de los procedimientos oncoestéticos.
Así lo consideran especialistas de la Clínica Ruber, que es el llamado “hospital real” porque ahí se atiende la realeza, los millonarios, los famosos y demás protagonistas de España, entrevistados por europapress.es.
Antonio Sierra, coordinador de la Unidad de Mama de la clínica, lamenta que una de cada 10 mujeres en el mundo (una de cada ocho en países como México) padecerá cáncer de mama, cuya detección temprana en fundamental para lograr buenos resultados en el tratamiento.
Explicó que a partir del diagnóstico, puede optarse por biopsias radioguiadas, que son una técnica utilizada por el radiólogo para localizar lesiones incipientes no palpables, biopsiarlas y analizarlas. Posteriormente, el cirujano realiza una pequeña incisión alrededor de la areola del seno, lo que garantiza un resultado positivo tanto en el ámbito médico como estético.
Para aquellas pacientes que están en ese pequeño porcentaje en el que es necesario amputar la mama (o sea, lo que fue mi caso), los avances hacen posible que la reconstrucción se realice de forma inmediata mediante la prótesis expansora o la propia grasa de la paciente inyectada en la mama con células madre. (Esto ya no fue mi caso, porque a un año de la mastectomía aún no me reconstruyo).
Los progresos en esta área han propiciado la aparición de herramientas como el mamma print u oncotype, que permite a los especialistas determinar con precisión la gravedad del carcinoma detectado en una mujer con cáncer de mama y evaluar si es necesaria la quimioterapia.
En este sentido, este experto asegura que, mediante los estudios de los perfiles de expresión genómica, se puede evitar el 20 % de los tratamientos de quimioterapia a los que antes se les hubiera dado luz verde.
Las novedades en el área oncológica también han llegado a las técnicas de radioterapia. Así, en la actualidad, en el caso de tumores de determinadas características, es posible utilizar métodos con menos efectos secundarios como mammosite, que es una técnica para aplicar la irradiación parcial de la mama.

Importante: Mi sugerencia es que platiques con tu especialista sobre este tema.

Diagnóstico individualizado, ¿el camino a seguir?

Genomic Health, el laboratorio de referencia líder en el ramo de la genómica del cáncer, anunció la presentación de tres estudios Oncotype DX® sobre cáncer de mama y colon en el congreso de la European Society for Medical Oncology 2012, que desde el viernes y hasta el próximo martes se realiza en Viena, Austria.

Los resultados de estudios basados en Europa y México reconfirman el impacto del test Oncotype DX® en la guía de las decisiones de tratamiento en pacientes con cáncer de mama invasivo en su fase inicial. La firma dijo que el resultado de los estudios permiten optimizar las decisiones de tratamiento en los pacientes.

“La medicina personalizada requiere una evaluación precisa de la biología tumoral individual del paciente”, dijo Christer Svedman, director de asuntos médicos en Europa, de Genomic Health. “Los nuevos datos añaden un gran cuerpo de pruebas que demuestran que el test Oncotype DX® es una herramienta importante que permite decisiones de tratamiento más documentadas”.

¿Qué es el estudio Oncotype DX®?

La quimioterapia no tiene los mismos resultados en todas las mujeres. Este estudio examina 21 genes para definir de manera individual la utilidad de la quimioterapia y la recurrencia a 10 años de distancia, para que los médicos tengan elementos para decidir qué tratamiento debe seguir la paciente.
Los estudios sugieren que los resultados contribuyen a modificar las decisiones de tratamiento contra el cáncer de mama en aproximadamente un 30% de los casos

  • Presenta ventajas clínicas ampliadas; en los informes mejorados se incluyen ahora datos cuantitativos de ER, PR y HER2.
  • Más de 190,000 pacientes han recibido la información que arroja el estudio
  • Su valor clínico fue demostrado en estudios con participación de casi 4,000 pacientes.
  • Más de 10,000 médicos han solicitado el estudio

 

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Mi segundo “cumpleaños”… Una experiencia para compartir

Hay fechas que te marcan, no por el día en sí sino por los acontecimientos que sucedieron en ese momento. En mi caso, una de esas fechas especiales es el 15 de septiembre de 2011. Justo hace un año me sometí a una cirugía aparentemente sencilla que derivó en una mastectomía radical del seno izquierdo por un adenocarcinoma. Sí, yo tenía cáncer de mama… y lo ignoraba.

A mis 50 años y, como periodista habituada a leer, investigar y obtener información de primera mano, consideraba que estaba enterada del cáncer de mama y de todo aquello que debíamos hacer para “prevenirlo”. Así, periódicamente acudía a mis citas médicas y me sometía a estudios de imagenología: ultrasonidos mamarios y mastografías, que decían que yo estaba bien, sin problemas.

De hecho, un día antes de la cirugía me entregaron los resultados de los últimos estudios, a los que me sometí debido a que tenía una “bolita” en el seno izquierdo. Según los médicos que los interpretaron, esa “bolita” era un “granuloma posiblemente generado por un cuerpo extraño y era benigna”. Sin embargo, como me lo recomendaron, acepté someterme a la cirugía para evitar inconvenientes futuros.

Con la seguridad de que todo estaba bien, entré al quirófano y, horas después –cuando desperté en la habitación del hospital que me fue asignada–, me enteré de mi “nueva” realidad: “Te quitaron el seno izquierdo porque… era cáncer”, recuerdo que me dijo mi cuñado. “Pero tú eres valiente y vas a salir de esto”.
Las palabras me impactaron, por supuesto. Lloré mientras mis pensamientos volaban hacia mi marido y mis dos hij@s adolescentes, que me esperaban en nuestro hogar en la Ciudad de México. Yo había elegido operarme en Guadalajara, porque ahí están mis papás y hermanos, y pensé que era una buena ocasión para reunirnos y convivir. Nada, nadie, me había preparado para el desenlace de la cirugía… pero yo sí me había preparado para dar la batalla que venía.

Aun en medio del dolor y el impacto de la noticia, recordé que los últimos seis años de mi vida los había pasado en múltiples cursos, aprendiendo, adquiriendo herramientas, ampliando mi conciencia, y entendí que Dios, el Universo, la Fuente de la cual provengo, me había guiado y preparado para ese momento. Supe que lo primero que debía hacer era transformar el miedo y los pensamientos negativos en paz interior, en armonía, en confianza, porque solo así tendría la fortaleza para salir adelante, para no preocupar de más a mi familia y a los que me aman; porque solo así podría alejarme del ¿por qué a mí? y trascender al ¿para qué vivo esta experiencia?
Esa fuerza interior pude conservarla la mayor parte del tiempo frente a mis papás, hermanos y sobrinos, que me acompañaban en todo momento, y solo flaqueé al escuchar por teléfono a mis hijos y a mi marido. Por más esfuerzos que hice, no pude evitar las lágrimas. ¡Había tanto que vivir juntos! ¡Tanto por qué hacer y compartir! También debía evitar que mis hijos se enteraran del diagnóstico por una llamada telefónica o por internet. Como sociedad hemos desarrollado la creencia de que el cáncer es una sentencia de muerte, pero esa tarde de jueves yo sabía, porque así lo sentía en mi corazón, que en mi caso el cáncer sería una experiencia de vida; una experiencia para aprender; y así quería trasmitírselo a mis hijos, pero de frente, cuando ellos pudieran verme y creer que su mamá sí estaba bien y viva.

Entonces, mientras mi familia en Guadalajara salía del shock y se ocupaba de mí y, mi marido, al igual que ellos, asimilaba el diagnóstico, mi pensamiento estaba en evitar que esa realidad llegara a mis hijos; en pedirles a todos los amigos que me llamaron que evitaran comentar mi situación en las redes sociales y que fueran discretos si hablaban con mis hijos. En ese momento, no imaginé la gran tarea que llevaríamos a cabo en conjunto. Mis planes al viajar a Guadalajara eran permanecer ahí solo cuatro días. Mi estancia se prolongó cuatro semanas; tiempo en el que mis hijos hablaban conmigo, pero sin saber todo lo que ocurría.

Ese tiempo, también me dio oportunidad de agradecer por lo afortunada que era y soy. Esas semanas me dieron el regalo del reencuentro con mis amigas de secundaria, de preparatoria; con los amigos de la universidad, de los distintos empleos y actividades que desempeñé en Guadalajara, y todas ellas y ellos me arroparon con su cariño y buena energía.

Además, convencida de que no hay mejor terapia que el ser productiva y estar ocupada, tres días después de la cirugía retomé desde Guadalajara mi actividad laboral, gracias a la comprensión de mi editor en jefe y a las bondades de la tecnología. Días más tarde, los directivos de la empresa y mi jefe, me permitieron seguir trabajando, a distancia, mientras me sometía al tratamiento médico que me prescribieron los médicos oncólogos: ocho ciclos de quimioterapia y 30 sesiones deradioterapia; ambos, tratamientos fuertes de los que “salí” hace apenas unas semanas con un excelente pronóstico.
El proceso ha sido largo, en términos del esfuerzo –físico y emocional– que implica. Por unos meses, por ejemplo, la cabellera desapareció junto con las pestañas y las cejas, pero la naturaleza es generosa y, al retirarle al organismo la quimioterapia, han empezado su renovación.
Y sí, me hace feliz saber que terminó la etapa fuerte, aunque me quedan cinco años de tomar un medicamento diario y mantener un control constante. También, tengo por delante el reto de la reconstrucción, pero este es un capítulo aparte.

Lo que aprendí en este año me llevó a pensar en lo desinformadas que, en el mejor de los casos, estamos las mujeres frente a una enfermedad como el cáncer de mama. Hoy sé que en el 2011 yo era ingenua… o ignorante. Antes de la cirugía, creía que el cáncer de mama era “prevenible”. Ahora sé que hasta este momento no hay prevención alguna; pero, si hacemos de la autoexploración un hábito para aprender a conocer cada milímetro de nuestros senos, desterramos el miedo y nos habituamos a visitar al oncólogo al menos una vez cada año desde que somos adolescentes, las mexicanas estaremos dando pasos importantes para controlar la enfermedad, por la sencilla razón de que su diagnóstico será temprano y, siendo así, existen todas las posibilidades para superarla y sobrevivir.

Esta nueva conciencia en mi vida, en la que es fundamental el amor, propio y hacia los demás, el buen ánimo, los pensamientos positivos y la confianza en los profesionales médicos que me atienden, me animaron a compartir mi experiencia. Sé que hay mucho qué decir y hacer; muchas mujeres, compañeras de vida, a quienes apoyar, para hacerles ver que vamos de la mano en este proceso.
El primer paso en ese camino es este espacio, en el que compartiremos experiencias e información útil, pero sé que vienen muchos más porque estoy decidida a aprovechar esta segunda oportunidad. Así, este 15 de septiembre, cuando mi país festeja las más importantes festividades patrias, yo estaré –como dice mi hija de 14 años–, celebrando mi segundo nacimiento; una nueva posibilidad para agradecer y honrar mi vida.