Un modelo de organización contra el cáncer de mama

Me gusta creer que todas las fundaciones, organizaciones y grupos que surgen tienen la honesta intención de apoyar la concientización del cáncer de mama… y lo hacen.
Un ejemplo que hace que, como decimos en México, “me quite el sombrero” ante sus logros es la fundación Susan G. Komen for the Cure, establecida en 1982 por Nancy Brinker para honrar la memoria de su hermana Susan, quien murió de cáncer de mama a los 36 años de edad. 
En su última declaración financiera, esa organización se atribuyó el éxito por haber reducido en Estados Unidos en un 33% la mortalidad de las pacientes con cáncer de mama en el lapso comprendido entre 1991 y  2012. ¿Cómo lo lograron sus directivos y miles de voluntarios? Optimizando los más de 740 millones de dólares que han recaudado, principalmente a través de las célebres carreras (alrededor de 100 cada año) que organizan en todo el territorio estadounidense con 1.5 millones de participantes.
Sus finanzas son claras: 75% de lo recaudado permanece en las comunidades que lo generaron para apoyar proyectos locales, y el 25% se destina a la investigación a través del Programa de Subvenciones de la Fundación Komen (The Komen Foundation Award and Research Grant Program), que desde su creación en 1982 ha otorgado 850 becas, que suman un total de 112 millones para proyectos de investigación del cáncer de seno.
De esos recursos, al menos 79 millones de dólares se destinaron a investigar entre 2006 y 2012 el cáncer de mama metastásico, que es el de pronóstico menos favorable de cura.
Evidentemente, la Fundación Susan G. Komen goza de credibilidad y respetabilidad entre la sociedad estadounidense y es, al menos para mí, un modelo a seguir por sus resultados que la colocan en el extremo de lo que ha sido llamado Pinkwashing. Pero también operan otras organizaciones, menos grandes (por decirlo de alguna manera), aunque igualmente efectivas.
En semanas pasadas compartí un texto sobre la carrera de 5k de la fundación Gloria Gemma, en Providence, Rhode Island. Desde el primer vistazo a su página me sorprendió el banner que tienen con la meta establecida para este año: 200,000 dólares y los avances que llevan en constante actualización. Hasta la noche del jueves la recaudación sumaba 115,587 dólares. Así de precisos son para contar cada uno de los dólares que les son donados.
En México también hay ejemplos que destacar. Recientemente cim*ab cumplió 10 años de existir y de sumar logros. Además de los apoyos que otorga, le reconozco su estrategia para hacer visible la enfermedad: antes existía, pero pocos se atrevían a hablar de ella; hoy, la frase ¡Favor de tocar! es nacionalmente conocida gracias a sus campañas en las que ha integrado a celebridades de los espectáculos y de la alta sociedad mexicana. 
También sé que está ASBIS, una asociación con sede en el Estado de México a la que conocí por su labor para evitar más contagios por el Virus del Papiloma Humano y apoyo a la población de mujeres mazahuas. Pero sus programas de asistencia social también involucran el tema del cáncer de mama, y este fin de semana, el último de octubre, ha preparado un maratónico programa para recaudar fondos.
Sé que como cim*ab y ASBIS hay otras muchas fundaciones en México que realizan esfuerzos enormes por apoyar a su comunidad y que sus logros son destacables.
Sin embargo, y es una opinión personal, nos falta ir más allá de las campañas que relucen durante octubre. De esa forma, el llamado tercer nivel de la sociedad podría equiparse en transparencia a lo que ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos, donde los reportes de ingresos y egresos se consultan desde internet y hay informes pormenorizados de hacia dónde van los recursos obtenidos, dolar sobre dolar.
Me gustaría saber cuál es tu opinión al respecto.

‘Pinkwashing’, el engaño o el lucro con las causas rosas

Ignoraba que existía el concepto. Tampoco sabía que era un hecho que ocurría en diversos países del mundo, no sólo en México, pero esta mañana mi amiga Edna Montalvo me compartió un texto sobre el tema que circula a través de Facebook; de hecho es parte de una de sus famosas causas, y fue iniciada por Melissa Pak.
Estados Unidos acuñó el término Pinkwashing para referirse a aquellas empresas que dicen promover la concientización sobre el cáncer de mama, pero que en realidad ni donan recursos económicos ni divulgan de forma transparente el manejo que le dan a los fondos recaudados con tal fin y, lo que es peor aún, que ‘disfrazan’ productos que pueden ser cancerígenos con una envoltura o un lazo rosa para que el consumidor los adquiera.
El texto asegura que no se trata de una película de terror o de un documental para explicar el “secuestro de la causa rosa”, sino de una alerta porque cada vez son más las empresas (y sus directivos, claro) que se han dado cuenta del poder de venta de los productos rosa, sobre todo cuando se acerca el Otoño u octubre, como prefieras verlo.
Y sí, siempre hay empresas y fundaciones que actúan de manera correcta: abrazan una causa y dedican esfuerzos para generar recursos y apoyar a otros. Se trata de una alianza ganar-ganar: los empresarios elevan sus utilidades, las fundaciones ven cómo la causa se hace visible y llegan recursos para promoverla, y los consumidores obtienen productos de calidad y apoyan una labor altruista. Todos ganan.
Pero el Pinkwashing ha puesto el acento sobre aquellas asociaciones que se autoenriquecen y sobre productos rosas que son falsos y cuya venta sólo está destinada a “llenar los bolsillos de corporaciones codiciosas que capitalizan la generosidad de la gente”. Aunque Pink Ribbon International tiene los derechos sobre el emblemático lazo rosa, es bien cierto que existen las modificaciones de diseño, el cambio de color y la adaptación del icónico símbolo que así puede ser utilizado sin problema prácticamente por cualquiera para promover alguna causa o producto relacionados con la recaudación de recursos asociados a la concientización del cáncer de mama, sin que en los hechos (¡ojo!) esté cumpliendo con ese objetivo.
Así, el texto nos invita a convertirnos en consumidores responsables y, si al comprar (más al acercarse octubre) abrazamos la causa rosa, verifiquemos que:

  • Las asociaciones que recaudan recursos tengan un manejo transparente de ellos y constantemente informen el uso que les han dado.
  • Que los productos rosas sean realmente inocuos, realizados con sustancias que no causen enfermedades.
  • Que las empresas que comercializan esos productos informen al término de cada campaña, cuánto dinero recaudaron y qué porcentaje están donando a qué asociación o fundación y para qué fin específico.
Estoy segura de que coincides conmigo en que estas recomendaciones son muy pertinentes y para tomarse en cuenta. En realidad, no se trata de desconfiar de la buena de fe de muchos, sólo de verificar que en realidad los recursos se ejercen para la causa que se abandera.
Después de todo, como las cosas que valen la pena en la vida, el mejor apoyo a la concientización sobre el cáncer de mama es gratuito: si te practicas la autoexploración mensual y enseñas a las mujeres que son importantes en tu vida a autoexplorarse estarás haciendo un gran servicio en aras de una detección oportuna de la enfermedad y, por ende, en la reducción de la tasa de mortalidad que genera.
Así que, y nunca mejor dicho, ¡manos a la obra!