¿Cuánto tardó en formarse el tumor que me quitaron?

Esa es una pregunta ociosa, pensaba yo -que siempre quiero saber todo de todo lo que me interesa o afecta-, porque hoy sé que es algo que ya no tiene importancia, que quedó a atrás, y que me ha dejado una enorme enseñanza.
Sin embargo, sí te comparto que hace unos meses me sorprendí muchísimo cuando una de las doctoras a las que consulto comentó que el tumor que causó la mastectomía debía tener unos seis años o un poco más en formación. 
¿Por qué me sorprendió? Porque en 2006 -ahora lo sé- tuve un aviso de lo que vendría; me hicieron una cirugía, me quitaron tres “zonas de lesión”, como eufemísticamente las llamaron entonces, que resultaron benignas, inicié tratamientos y, de manera sistemática, mastografías anuales y ultrasonidos mamarios cada seis meses… y en ninguno de ellos “se vio” lo que vendría. De hecho, un día antes de la cirugía me hicieron estudios y no había nada que indicara malignidad, según el BI-RADS (Breast Imaging Reporting and Data System), ya que los resultados estaban en niveles 2 y 3, lo que hablaba de que aunque había “algo” que no debía estar ahí, no tenía por qué alarmarme y podría repertirme el estudio en unos 4 o 6 meses para descartar cualquier cosa. Sin embargo, decidí entrar al quirófano y eso fue providencial, un regalo de vida, pues sé que por ello sigo adelante.
¿Por qué lo digo? Porque ahí, en el quirófano, la realidad fue otra. Ahí fue cuando el cirujano oncólogo determinó la mastectomía radical porque el tumor que había generado medía más de 2 centímetros y, sí, era cáncer.

Hoy, después de leer y escuchar mucho sobre la enfermedad, he aprendido estas cosas que te comparto:

  • Un tumor mamario canceroso puede tardar de 6 a 7 años para alcanzar un centímetro, es decir, llegar a lo que llaman Etapa o Estadío I, que si es detectado oportunamente tiene un 95 % de probabilidades de curación sin que el tratamiento sea mutilante (a veces optan por una cirugía oncoestética).
  • T II: tumor de 2 a 5 centímetros, que es donde yo estaba cuando lo detectaron durante la cirugía.
  • T III: tumor de más de 5 centímetros
  • T IV: compromiso fuera de la mama y axila y otros órganos.

Los diversos doctores que me han atendido me han explicado la importancia de conocer el tipo de cáncer que se genera, así como la etapa en la que se encuentra, ya que de ello depende la elección de las mejores opciones de tratamiento.
De ahí que, en verdad, estoy convencida de que cada tratamiento es un “traje a la medida” que busca lograr que recuperemos la salud, y lo mejor que podemos hacer como pacientes es elegir a un oncólogo especializado, confiar en él y apoyarlo con nuestro ánimo en alto, porque sí es posible sanar.

Había una vez… una mujer valiente y creativa

Tan creativa, que aún en medio de la experiencia de cáncer de mama que generó en su vida, se dio el tiempo para explicarles a sus hijos, de 10 y 12 años de edad, cómo era enfrentarse a esa enfermedad… y lo hizo de forma tan distinta que escribió una historia de princesas en medio de una batalla creada por un ejército de células malignas. Por fortuna, la reina afectada tenía junto a sí a un general vestido de bata blanca que estaba más que dispuesto a ayudarle a ganar la guerra. 
Irene Aparici es el nombre de esta talentosa mujer autora de Mamá se va a la guerra, quien desde hace un año empezó a batallar contra el cáncer de mama, según lo cuenta al diario El Mundo, de España. El libro fue editado por Cuento de Luz y, sin duda, será de gran utilidad para las cientos de reinas que están librando su personal batalla mientras ven crecer a sus hijos pequeños. Aún no está disponible en México, pero confío en que alguna editorial vea el gran nicho de mercado que existe y lo traiga.

¿Cómo surgió Mama se va a la guerra

Irene es economista y abogada. Dice que siempre había escrito para ella, sin publicar nada. Pero hace un año, cuando le diagnosticaron cáncer de mama, se dio cuenta de que ignoraba gran cosa de la enfermedad y le pidió al médico que la atendía que le explicara todo como si ella fuera una niña. Con esa información, se sentó junto a su exmarido, para hablar con sus dos pequeños hijos… y se quedó con la sensación de que pudo haberlo hecho mejor.
De ese sentimiento más el apoyo de su personal ejército de amigos, con quien mantiene contacto gracias a internet, surgió el cuento que también es utilizado por una oncóloga infantil para hablarles a los niños sobre el cáncer. A la par, una de las amigas de Irene le hizo llegar la historia a la editora Ana Eulate, quien la publicó, aunque antes le presentó a Mónica Carretero, autora de las ilustraciones que aparecen en el libro y que lo hacen tan entrañable.
Los hijos de Irene se mostraron más que felices al verse convertidos en personajes de cuento. El resultado es parte de una campaña familiar que Irene ha emprendido para bajarle el drama a una experiencia como la que vive, por eso siempre habla con la verdad a sus hijos y se permite jugar con ellos sin utilizar la peluca que se compró.
Mientras, Irene continúa su personal batalla contra un tumor de mama agresivo y poco frecuente. Eso sí, lo hace con toda la entereza y el ánimo que posee… y que son muy grandes.
Y, como todo cuento de hadas que se precie de serlo, el final de esta historia que a mí me gustaría escribir es… ¡Colorín, colorado, esta historia se ha acabado porque la reina Irene ganó la guerra y vive feliz con sus dos príncipes!